El Lobo y la Sirena

Es curioso cómo una imagen despierta recuerdos en nosotor@s …

sirena cinderella 1Durante años me ha fascinado el mundo de la literatura y me dio por escribir cuentos e historias cortas. Tengo una novelita inacabada de esas que tiene demasiado trabajo todavía por meterle que da pereza sentarse delante y volver a retomarla. Pero no descarto que algún día me de por dedicarme otra vez a ella y terminarla como se merece, porque creo que es una buena historia.

Pero hoy no vengo yo por ésta novelita inacabada, sino por una historia corta que escribí hace muchos años. Fue cuando llevaba poquito tiempo en el mundo del scrapbook y hacía cuentos personalizados para quienes querían hacer un regalo especial.

El otro día, navegando por Pinterest topé con una imagen que me transportó al pasado, a esas historias que escribía y me hizo desenterrar el cuento que hoy voy a compartir con vosotr@s en éste blog.

mermaid drawing-VarethaneLo gracioso es que a raíz de este rescate del “baúl de los recuerdos”, me dio por dibujar sirenas. No recordaba que convertí a uno de los personajes en un lobo … pero bien, no me voy a adelantar y paso a copiaros-pegaros la historia para vuestro disfrute (¡o eso espero!).

sirena cinderella 2

sirena cinderella 3Historia escrita para dos hermanas …

El Lobo y la Sirena

El viento sopla a través de mis transparentes alas. Sé que no falta mucho. Mi diminuto cuerpo empieza a pesarme, noto que se me agota el tiempo. Pero tengo prisa, prisa por contaros una historia que quería relatar a Paradistolquia, mi amiga la mariposa que habita en el hermoso jardín Zen del Emperador Hagiki. ¡Qué hermosas flores, qué árboles tan frondosos! Pero no perdamos este preciado momento porque me queda poco tiempo. Una libélula como yo sabe de estas cosas. Sabemos cuándo nos llega el momento. Sólo me hubiese gustado poder disfrutar al menos una última vez del vasto estanque de ese jardín oriental en el que la belleza hiere los ojos y que es preciso observar con el alma.

La historia que os voy a relatar ha llegado hasta mí de una forma de lo más curiosa. Dos mariquitas posadas, una apacible tarde de primavera, sobre una orgullosa amapola, hablaban entre susurros de una historia sobre dos hermanas que fueron separadas durante una larga década y que… Pero no, empecemos por donde empiezan todas las historias. Empecemos por … Erase una vez, hace muchos, muchísimos años, en un pequeño pueblo costero de una China que disfrutaba de una vida apacible bajo la mano de la dinastía Ming, vivían dos hermanas: Okami y Sairen. Okami era una curandera reputada, que cuidaba de que todos los habitantes de la aldea estuviesen sanos y fuertes, velando sobre su salud como una madre amorosa. Sairen, la más joven, era una muchacha alocada, divertida y soñadora, que dedicaba su vida a los jardines y a embellecer las casas de las ancianas que eran ya demasiado viejas para correr por los campos y recolectar flores para sus casitas. El pueblo podría haber disfrutado de una existencia idílica si no hubiese sido por un oscuro demonio que habitaba las profundidades del bosque Sanrin. Una bruja, eso es. Una bruja llamada Kyoaku. Pero Kyoaku no siempre fue malvada. Hubo un tiempo en que era tan buena y amorosa como Okami y Sairen, pero un grave infortunio le arrebató a su amado, un pescador, ahogado en el mar tras una tormenta. Kyoaku olvidó lo que era la bondad dejando en su corazón solo desesperación, tristeza y rabia.

Los niños del pueblo evitaban (siempre que fuera posible) el pequeño prado en el que se erguía la pequeña casa de la malvada Kyoaku. Pero un buen día, Sairen le dijo a Okami: “Querida hermana. Los niños del pueblo me han hablado de unas hermosas flores que crecen en los alrededores de la casa de la anciana Kyoaku. Quisiera ir a admirar esas bellas flores y quizás llevarme algunas para nuestro salón”. Okami la miró asustada: “Sairen, sabes que no es juicioso acercarse a la casa de Kyoaku. No creo en los poderes sobrenaturales que todos dicen que ella posee, pero quizás no deberías provocar la ira de la anciana.” Sairen la miró con ojos suplicantes: “Pero podrías venir conmigo, al alba. Dicen que hay muchas plantas curativas que son muy difíciles de encontrar. Sólo será un momento. Kyoaku no sabrá que hemos estado allí. Es anciana y con la noche cayendo sobre la tierra, no nos verá.”

A pesar de que Okami no estaba del todo convencida, cedió ante las súplicas de Sairen y juntas emprendieron el largo camino hacia la casita de Kyoaku. La noche comenzaba a asomar por el horizonte cuando las hermanas llegaron al prado donde estaba la casita de la bruja. Todo estaba tranquilo. Una tranquilidad inusitada e incómoda ya que, como Okami observó al poco tiempo de llegar, no había ni un solo insecto en los alrededores. El silencio era total. Sairen, más concentrada en la belleza de las flores que se extendían a sus pies, no prestó atención a esa curiosa situación y comenzó a recolectar manojos multicolor de las flores más exóticas que hubiese visto jamás. A lo lejos les llegaba el sonido del furioso oleaje. Fue entonces cuando Okami se dio cuenta de lo cerca que estaban de los acantilados. “Sairen, date prisa, esto no me gusta nada.” , le dijo a su hermana. “Enseguida estoy, sólo unas cuantas más.”, respondió la otra. Pero ya era demasiado tarde. Kyoaku las había visto a través de la ventana y se acercaba con pasos presurosos hacia las hermanas.

Éstas, asustadas al ver a la malvada bruja, quisieron correr, huir de su presencia y su mirada fría. Pero algo les impedía mover siquiera un músculo. La anciana las había hechizado. “¿Cómo os atrevéis a llevaros mis preciadas flores?”, rugió la bruja mirándolas con odio.

“Perdonanos, anciana Kyoaku. No sabíamos que eran tuyas. Pensábamos que pertenecían al bosque.”, respondió Okami.

“No me vengas con excusas, mocosa. Conoceréis la ira de Kyoaku por vuestro atrevimiento. Os hechizaré. Os transformaré y encerraré vuestras almas en otros cuerpos para que no podáis estar nunca más juntas.”

Y dicho esto, una terrible tormenta se cernió sobre el pequeño pueblo. La noche entró con toda su oscuridad y cubrió el horizonte al completo. Terribles aullidos resonaron en las tinieblas y la lluvia rompió las nubes cayendo con toda su fuerza sobre la tierra. La confusión reinó en el mundo y las dos hermanas se vieron arrancadas del suelo por un violento viento. Por un instante pudieron verse, sólo unos segundos, y Okami vio que su hermana se había convertido en sirena, y Sairen vio como Okami había acabado encerrada en el cuerpo de un lobo. Todo se volvió oscuridad y lo siguiente que Okami vio fue la mueca diabólica bailando sobre el rostro de Kyoaku quien, elevando las manos al cielo, separó a las dos hermanas quienes hacía solo unos instantes, se encontraban abrazadas, y las hizo volar por los aires, una en cada dirección, cada vez más lejos, hasta que no pudieron ver nada más que la lluvia que les mojaba las pestañas.

La tormenta duró toda la noche y todo el día siguiente y no remitió hasta la segunda noche en la que cada hermana había acabado en un punto diferente de las tierras orientales. Okami se vio de pronto, sola, mojada y asustada, acurrucada en una cueva, observando el mundo a través de unos nuevos ojos: los de un lobo. Aulló con ferocidad. Un sonido que desgarró el alma de cuantos oyeron el triste clamor de quien había perdido a su hermana. Sairen a su vez, lloraba desconsolada en las costas de su pueblo, sabiendo que si su hermana Okami se atrevía pisar el pueblo, acabaría muerta ya que nadie la reconocería en su nuevo cuerpo. Ella misma corría peligro que los pescadores le diesen caza, así que se refugió en las profundas grutas a las que no lograría acceder humano alguno por el terrible oleaje de la zona, pero permaneciendo siempre cerca del pequeño poblado y del recuerdo de su querida hermana.

Los años se sucedieron en el que el emperador Hongwu cayó gravemente enfermo. Los sabios no conocían remedio que pudiese aliviar sus dolores. Los libros no contenían medicamento milagroso que salvase al buen emperador de una muerte segura. La nación se sumió en una grave tristeza. Un buen día, el príncipe Oji, hijo del emperador, decidió alegrar a su padre con una buena pieza cazada en los bosques frondosos y por casualidad acabó cabalgando a través del Sanrin. Los habitantes del pueblo advirtieron al príncipe de un terrible lobo que merodeaba desde hacía una década el poblado. A pesar de que éste no había atacado a ningún aldeano, sabían que era un animal que podría llegar a ser peligroso.

Oji reconoció la ocasión de librar del temor a los aldeanos y llevarle a su padre el pelaje de ese hermoso lobo y presto se puso a buscar la pista del animal. Tardó todo un día y media noche hasta que, cuando la luna estuvo en lo más alto del firmamento, en un pequeño claro, divisó a la criatura. Ésta miraba con tristeza la luna y se percibía un profundo dolor. El sonido del canto de una muchacha era transportado por el viento. Los ojos del lobo se llenaron de lágrimas. Esta escena conmovió tantísimo al joven Oji quien perdió la ocasión de disparar la fatídica flecha que daría muerte al animal. El lobo se giró y lo miró directamente a los ojos. “Quería llevarte como presente a mi padre, pero veo que un profundo pesar desgarra tu corazón.”

“Cierto es, joven, que mi corazón se desangra cada noche al oír la voz de una hermana a quién nunca lograré alcanzar.”, respondió el lobo, quien no era otro que la joven Okami.

“¿Tu hermana? ¿Dónde se encuentra?”

“Un mar y un bosque nos separa. La anciana Kyoaku castigó nuestra osadía por penetrar en sus dominios sin su permiso y convirtió a Sairen en una sirena y a mí en un lobo.”

“¿Entonces eres humana?”

“Así es. Fui una vez humana. A penas recuerdo cómo era yo, pero recuerdo cómo era Sairen, tan hermosa, tan joven, tan feliz…”, el lobo aulló en respuesta al canto de la sirena y por un momento, las estrellas temblaron de emoción.

“No soporto escuchar vuestra profunda tristeza. Tengo que hacer algo para poder aliviar vuestro pesar.” decidió el príncipe.

“Quisiera volver a ver a mi hermana, aunque fuese una última vez.” suplicó Okami.

“Que así sea.” sentenció el príncipe Oji.

Juntos recorrieron el bosque y caminaron, hombre y lobo, hasta llegar a la playa donde rompía el alba que anunciaba la llegada de un nuevo día. El pueblecito se reunió y permaneció mudo de asombro al contemplar las dos figuras caminar orgullosas y erguidas hacia el mar. Y allí, a lo lejos, en medio del oleaje, una sirena nadaba a su encuentro. Cuando el primer rayo de sol se posó sobre el lobo y la sirena, quienes se entrelazaron en un profundo e íntimo abrazo, un fulgor se expandió sobre la tierra y las dos hermanas volvieron a su condición humana. Asombradas se miraron, y no se perdieron de vista en mucho rato, hasta que sus ojos comenzaron a lagrimear de tanto mirarse la una a la otra.

Entonces, una joven hermosa, de oscuros cabellos largos y sari rojo se les acercó, y con una amplia sonrisa de felicidad les dijo: “La hermana loba y la hermana sirena han demostrado que el amor puede romper hasta el más terrible hechizo. Gracias a vuestro cariño he podido romper la maldición que yo misma me impuse el día que murió mi único amor. Sí, soy Kyoaku, a quien conocíais por la malvada bruja. Al fin soy libre para reunirme con mi amado quien me ha estado esperando durante todo este tiempo. En muestra de mi gratitud, te entrego a ti, Sairen, la flor más bella de mi jardín, quien te traerá suerte eterna en el amor. Y a ti, querida Okami, te entrego la planta que curará las más terribles enfermedades y que te traerá fama y respeto entre los médicos y curanderos del reino.”

Y dicho esto, Kyoaku se convirtió en un precioso colibrí y ascendiendo al cielo azul, desapareció para nunca más ser vista por ojos humanos.

Okami, en gratitud con el príncipe Oji, decidió visitar el palacio del emperador y tras prepararle un brebaje con la planta que Kyoaku le había regalado, curó al anciano Hongwu de sus males. Okami, se convirtió en una famosa curandera, admirada por todo el reino y consultada en infinidad de ocasiones por sabios de todo el mundo, para curar las enfermedades más extrañas. Entre tanto Oji se había enamorado perdidamente de Sairen y ésta del hermoso príncipe. En menos de un año se celebraron las nupcias de los jóvenes enamorados, que pronto tuvieron mucha descendencia y a quienes les contaron, generación tras generación, la historia (que se había convertido en leyenda) de las hermanas lobo y sirena que nunca dejaron de tener esperanza de volver a reunirse, porque el amor era más fuerte que cualquier maldición.

Y aquí acaba mi cuento, que escuché un hermoso día relatar a dos mariquitas. No dejéis que se pierda o caiga en el olvido. Visitad el jardín Zen del Emperador Hagiki y transmitid esta historia a la hermosa Paradistolquia quien recopila todas las historias del reino, para que sea contada, infinidad de veces, a todo aquél que ame los relatos de amor, amistad y felicidad.

Me voy, que oigo el viento llamarme. Me voy, contad, me voy, relatad, me voy, cantad …

16/02/2010 – por Bienve Prieto

el lobo y la sirenaimágenes del cuento editado con Photoshop, del año 2010

¡Qué recuerdos! 🙂

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9 pensamientos en “El Lobo y la Sirena

  1. Pero qué bonito Bienve. Es una de esas historias que te invitan a soñar y te rememoran a esos tiempos de magia y fábula donde, con amor, todo era posible. Justo has tocado uno de los personajes que más me gustan, las sirenas, y los lobos. Las sirenas me parecen tan mágicas como los unicornios. Tienen esa mezcla de seres imposibles que nos hacen soñar. El lobo siempre me ha gustado por su magia, su fortaleza, su naturaleza salvaje y esa relación entre el mundo físico y el espiritual. No veas como me has emocionado con esta historia ♡♡♡♡♡♡

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  2. Es una historia que jamas había leído , aparte de eso es muy bonita , porque trasmite al solo leerla toda esa creatividad que has empleado por medio de tus dibujos que por cierto son muy hermosos, y al verlos imagino la historia , y me llenan de alegría ….

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